Prucuro leer-estudiar. Es como un alimento fundamental en mi vida. Cada semana me interesan algunos temas puntuales. Siempre que puedo leo una revista semanal que tiene bastante difusión. Está muy lograda: presentación, temas, escritores. Es posible que cree adicción. Algunos la leen desde el primer número. Lo entiendo. Están al dia. Son temas que a todos nos afectan.
Tratan con frecuencia de la Iglesia Católica. Esa frecuencia --me parece a mi-- es como una "sutil" música de fondo que termina, cómo no, haciéndose vida en las personas que la leen. A mi me hace pensar.
Esta mañana, estando en una lectura serena y gozosa, de repente me encuentro con la música de fondo: cuatro escritos, uno largo y serio, que son como cuatro misiles dirigidos contra la fe de los creyentes. Casi siempre son hechos y temas reiterativos. Hoy: la violación de una persona joven por un sacerdote, -dice- "que ha dejado rota su vida": el mofarse abiertamente de la virginidad; la invitación a amar a los demás "en todos los sentidos", ¿por qué no ?; y, finalmente, la entrevista, larga y muy bien realizada, a un autor que defiende que "quien lea la Biblia, lo razonable es que deje de creer". Parece que ha vendido bastantes ejemplares. Lo suficiente para ser rico, que, en realidad, es de lo que se trata...
Todo esto no me deja indiferente. Me duele, por eso quiero manifestar mi dolor. Algunos dirán: "¡¡ Aguántate !!". Vale.
No censuro ni condeno a nadie. La sociedad que estamos creando entre nosotros es una sociedad libre. Cada uno expresa sus ideas.
Junto a este respeto al otro, (Dios respeta mi libertad, aun cuando peco, cuando hago el mal), junto a este respeto, está el CONVENCIMIENTO que hay un hilo conductor detrás de todo esto. Cada dia, cada semana hay que sembrar basura; buscar la basura humana; la basura que hay en la comunidad cristiana, para ponerla en manos de miles de personas, que no solamente leen sino que terminan viviendo lo que han leido. Tengo plena certeza de lo que digo.
¿ Qué decir ? Me parece que esto ha pasado siempre. En todo el tiempo que existe el ser humano ha roto moldes-preceptos-creencias, pero no habia la difusión, los altavoces que tenemos hoy. La basura estaba en el basurero, no en el ventilador.
Pero hay más: hay una seria responsabilidad en los que nos llamamos creyentes: vencer al mal con el bien. No se trata de hacer la guerra a nadie. Ni de establecer la censura. Ni condenar una y otra vez amargándonos la vida. Se trata de que yo, creyente, si lo soy de verdad, me reconozca pecador, pero gozoso de la misericordia de Dios, conmigo y con TODOS.
Item más: tenemos que hacer de nuestra comunidad, de la Iglesia --en la medida que podamos-- LUZ, bondad. Agua viva, y no basura, como por la que por tantos medios se nos invita hoy a beber.
Que nuestra vida --pecadora-- muestre que Jesus ha venido para que tengamos vida y que la tengamos en abundancia. Vida con la menor basura posible. Esto no depende de nadie más que de nosotros.
Guillermo Santomé, dominico.
domingo, 29 de junio de 2008
sábado, 21 de junio de 2008
LA CONFIANZA
Nos parece que es una reflexión importante. Un tema actual en todos los tiempos: tener confianza; perder la confianza.
Es una idea que se repite en la vida de Jesus --y en toda vida humana vivida conscientemente--: el tema de la confianza:
"Es que no confiais en mi"
"Ten fe, Pedro, confia".
Parece que Jesus lo dice a hombres y mujeres de todos los tiempos.
"Perder la confianza". A mi me parece que cuando se pierde la confianza es muy difícil recuperarla.
Desde niño he crecido en la confianza, en la lealtad. Me han inculcado esta idea y tengo la certeza de haber vivido en un clima de confianza. Decir hoy lo contrario, seria mentir. Confiaba en las personas, confiaba en lo que leía o veía. Habia en nosotros -jóvenes- una confianza-seguridad en aquellos que nos educaban y nos guiaban.
La luz roja, el "stop" se encendió, apareció por primera vez cuando camino de la misión en la selva amazónica una persona con ciertaautoridad me dijo: "Guillermo, no te fies de nadie". Fué como un jarro de agua helada. Me cambiaron los esquemas. En realidad fué una quiebra dentro de mi.
Personas a las que quería y --pienso-- me quieren, me mentian. Objetivamente empecé a vivir esta realidad cuando una y otra vez comprobé que 20 más 20 no eran siempre 40, podían ser 38. Con toda delicadeza que era posible, y sin deseo de ofender, decía una y otra vez: 20 más 20 son 40. "No, padrecito, aquí hay 38". Y punto. Pérdida, pues, de confianza.
Esto lo he vivido una y otra vez: dar 20 boletos que cada uno valian 2 euros, el total debia ser 40. Pues no, dos desaparecian: "lo dirá usted". Esto ha quebrado en mi ese gran regalo que es la confianza.
Hoy no confiamos en el seno de la familia; no confiamos de los vecinos; en el trabajo, en los negocios, ¡¡ en la política !!.
Lo triste es que cuando se pierde la confianza es muy difícil sanar esa herida. Y qué trabajo tan necesario !!! . Confiar en la Palabra de Dios, confiar en la palabra humana, en la relación humana.
Y por otra parte, ¡¡ qué difícil vivir sin confiar !! . Yo me fio del piloto que conduce la nave... ¡¡¡Aumenta en mi esa confianza !!!
Guillermo Santomé, dominico
Es una idea que se repite en la vida de Jesus --y en toda vida humana vivida conscientemente--: el tema de la confianza:
"Es que no confiais en mi"
"Ten fe, Pedro, confia".
Parece que Jesus lo dice a hombres y mujeres de todos los tiempos.
"Perder la confianza". A mi me parece que cuando se pierde la confianza es muy difícil recuperarla.
Desde niño he crecido en la confianza, en la lealtad. Me han inculcado esta idea y tengo la certeza de haber vivido en un clima de confianza. Decir hoy lo contrario, seria mentir. Confiaba en las personas, confiaba en lo que leía o veía. Habia en nosotros -jóvenes- una confianza-seguridad en aquellos que nos educaban y nos guiaban.
La luz roja, el "stop" se encendió, apareció por primera vez cuando camino de la misión en la selva amazónica una persona con ciertaautoridad me dijo: "Guillermo, no te fies de nadie". Fué como un jarro de agua helada. Me cambiaron los esquemas. En realidad fué una quiebra dentro de mi.
Personas a las que quería y --pienso-- me quieren, me mentian. Objetivamente empecé a vivir esta realidad cuando una y otra vez comprobé que 20 más 20 no eran siempre 40, podían ser 38. Con toda delicadeza que era posible, y sin deseo de ofender, decía una y otra vez: 20 más 20 son 40. "No, padrecito, aquí hay 38". Y punto. Pérdida, pues, de confianza.
Esto lo he vivido una y otra vez: dar 20 boletos que cada uno valian 2 euros, el total debia ser 40. Pues no, dos desaparecian: "lo dirá usted". Esto ha quebrado en mi ese gran regalo que es la confianza.
Hoy no confiamos en el seno de la familia; no confiamos de los vecinos; en el trabajo, en los negocios, ¡¡ en la política !!.
Lo triste es que cuando se pierde la confianza es muy difícil sanar esa herida. Y qué trabajo tan necesario !!! . Confiar en la Palabra de Dios, confiar en la palabra humana, en la relación humana.
Y por otra parte, ¡¡ qué difícil vivir sin confiar !! . Yo me fio del piloto que conduce la nave... ¡¡¡Aumenta en mi esa confianza !!!
Guillermo Santomé, dominico
jueves, 12 de junio de 2008
ser grande
Dices, P. Guillermo, que solo lo insignificante puede ser grande. Sé bien que hablas de la humildad, esta capacidad de la persona de dejar existir, de dejar ser al próximo. Pienso que la humildad no es tanto tenerme a mi mismo/a en poco, más bien será en tener al próximo, a la otra persona, en mucho. Y eso, en plan humano. Si hablamos luego de lo divino, y sabemos quién es nuestro Dios, pues la cosa sigue siendo la misma, pero en un plan infinitamente más grande. Soy mucho, pero mi Padre es muchísimo más. ¿No lo dijo nuestro Señor "mi Padre es más grande que yo"?.
lunes, 9 de junio de 2008
ACEPTAR SER INSIGNFICANTE
Una persona conocida, con poder, en el camino de su vida ha descubierto que lo más grande en una persona es la humildad, la sencillez. Incluso acepta la idea de "ser insignificante".
No es fácil. Tampoco es una utipía, algo que es "bonito", pero irrealizable. Es posible. Sin embargo, hay personas --más de las que imaginamos- que intentan recorrer ese camino. Es más, lo recorren sin darse cuenta. ¡¡ De ahí su valor !!.
Estas lineas son un intento de reafirmación personal en la perseverancia y en el intento de vivir en la sencillez y humildad.
No es fácil, por dos motivos: el primero, porque instintivamente la soberbia quiere que el yo crezca más y más. Algunos no quieren oir hablar del pecado de la "soberbia"; de esa tendencia instintiva a que crezca el YO: que yo sea el primero; que yo sea el mejor, que tenga más poder. Esto --me parece-- está en todos o casi todos los seres humanos. Y segundo, evidente, todo lo que nos rodea es una invitación a tener lo mejor, a tener más, a ser el más rico: personas, lugares, instituciones. El deporte es una lucha por llegar el 1º.
El hecho divulgado de una carrera de minusválidos, en la cual un muchacho disminuido se cae y todos dejan de correr, le ayudan y llegan todos juntos dandose la mano a la meta, es algo impensable en la fórmula 1, en las competiciones de toda índole.
Sin embargo el valor y la grandeza de ser "insignificante", de ser humilde. Hay infinidad de cosas insignificante que tienen un valor indiscutible: una célula sana.
Ser célula sana, ser insignificante en nuestro mundo lleno de ostentación es un valor de consecuencia inimaginables. El Evangelio nos habla del grano de mostaza, de la semilla insignificante, pero que llega a ser árbol frondoso. Pienso en muchas madres.
Sólo lo insignificante puede ser grande. ¡¡ Qué peligro lo que está hinchado !!.
Guillermo Santomé. Dominico
No es fácil. Tampoco es una utipía, algo que es "bonito", pero irrealizable. Es posible. Sin embargo, hay personas --más de las que imaginamos- que intentan recorrer ese camino. Es más, lo recorren sin darse cuenta. ¡¡ De ahí su valor !!.
Estas lineas son un intento de reafirmación personal en la perseverancia y en el intento de vivir en la sencillez y humildad.
No es fácil, por dos motivos: el primero, porque instintivamente la soberbia quiere que el yo crezca más y más. Algunos no quieren oir hablar del pecado de la "soberbia"; de esa tendencia instintiva a que crezca el YO: que yo sea el primero; que yo sea el mejor, que tenga más poder. Esto --me parece-- está en todos o casi todos los seres humanos. Y segundo, evidente, todo lo que nos rodea es una invitación a tener lo mejor, a tener más, a ser el más rico: personas, lugares, instituciones. El deporte es una lucha por llegar el 1º.
El hecho divulgado de una carrera de minusválidos, en la cual un muchacho disminuido se cae y todos dejan de correr, le ayudan y llegan todos juntos dandose la mano a la meta, es algo impensable en la fórmula 1, en las competiciones de toda índole.
Sin embargo el valor y la grandeza de ser "insignificante", de ser humilde. Hay infinidad de cosas insignificante que tienen un valor indiscutible: una célula sana.
Ser célula sana, ser insignificante en nuestro mundo lleno de ostentación es un valor de consecuencia inimaginables. El Evangelio nos habla del grano de mostaza, de la semilla insignificante, pero que llega a ser árbol frondoso. Pienso en muchas madres.
Sólo lo insignificante puede ser grande. ¡¡ Qué peligro lo que está hinchado !!.
Guillermo Santomé. Dominico
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