Escribí a un querido hermano de nuestra Orden enviándole un mensaje que habia recibido relativo a "escritos antiguos", yo diría que también actuales, "para orientar la vida".
Me contestó con una sabiduría y seriedad que he agradecido en estos tiempos de tanta frivolidad. Nos rodea la frivolidad en casi todos los aspectos de nuestra vida. Es bueno saber distinguir el oro del oropel, sobre todo en cuestiones fundamentales que afectan a todos los seres humanos.
Con una gran frivolidad se habla de los sentimientos humanos, del hecho religioso como dimensión fundamental de toda persona.
¿Ha oido hablar usted del "sentimiento oceánico". A continuación una afirmación rotunda: "Apostasía, ya!".
Ambas ideas están en una revista de gran difusión. Pienso que ambas ideas están también en otras culturas.
Sentimiento oceánico? "algo --dicen-- a lo que todos debemos aspirar". No hay que suscribirse a ninguna doctrina religiosa, ni intelectual, ni política, ni filosófica. Tan sólo la capacidad que nos ha dado la naturaleza para observarla".
No es necesario creer en ninguna religión para alcanzar ese estado de plena conexión ??¿¿, con todo lo que existe". Esta es una afirmación literal de una persona concreta.
Exáctamente igual que un perrito, un caballo, un pájaro que observa la naturaleza --la percibe, más que nosotros los humanos--. El aguila real, por ejemplo.
¿Qué estamos metiendo en nuestras cabezas para pensar así? Pensar, escribir y difundir¡¡¡
Y en la página siguiente: "Apostasía, ya¡¡". Esta señora que escribe, conocida, respetable, dice que "se le pone la carne de gallina" ante cualquier realidad religiosa; ante cualquier "signo" cristiano. No así, parece, ante otros signos, que los hay y en abundancia.
Es decir, un rechazo, una negación total de toda creencia ¡¡ cristiana !!. Se nos llama integristas, fundamentalistas. Vamos, que somos los seres más raros del planeta.
A esta señora le parece mal que digan que todos los españoles somos católicos. Vale. No pasa nada. Tiene usted toda la razón del mundo. Ni ahora ni nunca fuímos todos católicos. Ni ahora ni nunca se ha obligado a nadie a creer. Todos tenemos que aceptar los tiempos de las personas, y la cultura que vivieron: unas veces con más libertad, otras con menos. Ahora estamos en una época que usted puede predicar con medios poderosos: ¡¡ Qué todos sean apóstatas !! . No depende de usted señora.
Desea que se emita un Decreto Real para que todos nos demos de baja. Pues nada, que se emita ese Real Decreto. Pero uno se puede preguntar: ¿A dónde conduce todo esto? . Es posible que "alguien" lo sepa, pero la globalización de la increencia, la globalización de la apostasía no conduce sino a la destrucción de toda persona humana. Jesus ama y salva a la persona, lo más noble de la Creación, lo más noble del planeta que pisamos.
P. Guillermo Santomé, dominico.
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